¿Buscar o huir? Una perspectiva de la motivación basada en valores.

buscar o huir

¿Sabemos realmente qué dirige nuestro comportamiento? ¿En qué basamos nuestras decisiones? ¿Cómo podemos saber si estamos tomando la mejor decisión posible? ¿Elegimos libremente?

Existen cientos, incluso miles de libros que intentan responder estas preguntas. Algunos desde la ciencia, otros desde perspectivas menos técnicas, pero igualmente valiosas, y algunos que, en vez de aclarar, enredan más. Con la mejor de las intenciones, hoy quiero compartirte una forma práctica de entender nuestro propio comportamiento: qué lo dirige, cómo saber si nuestras decisiones están alineadas con nosotros mismos y si, de verdad, estamos eligiendo libremente.
Para ello, te presentaré tres conceptos clave. Aunque pueden sonar algo técnicos al principio, estoy seguro de que los vas a entender fácilmente:

  • Valores
  • Apetitivo
  • Aversivo

¿QUÉ SON LOS VALORES?

Quizá la manera más sencilla de definir los valores sea como cualidades elegidas de ser y actuar (Hayes, 2019a). Direcciones generales y cualidades de acción deseadas. Los seres humanos no actuamos solo al servicio de resultados externos sino también, y principalmente, al servicio de experimentar lo que coloquialmente llamamos sentido vital, propósito, significado, realización, etc. Experimentamos que una acción tiene sentido o que es significativa cuando encarna ciertas cualidades específicas y/o ciertos patrones generales de acción deseados y elegidos. (Maero 2022).
Desde esta perspectiva, los valores son nuestro faro. Nos guían en cómo actuar, conectándonos con quienes queremos ser. Cada acción que esté alineada con lo valioso para nosotros nos acerca a una mejor versión de nosotros mismos.

VALORES Y METAS

Los valores se diferencian de las metas en que estos nunca se llegan a cumplir, son aproximaciones, pequeños pasos en una dirección concreta. Las metas por el contrario serían pequeños puntos de control o checks points, objetivos concretos que nos señalan logros que alcanzamos a lo largo del camino hacia nuestros valores, pero aún
sin estos puntos de control podría ser que estemos avanzando hacia nuestros valores. Para identificar estos valores, se suelen dividir en ámbitos: “familia”, “trabajo”, “relaciones” … Y dentro de estos ámbitos podemos preguntarnos:
que es lo que valoras que es lo que te importa dentro de cada ámbito. Por ejemplo, en el ámbito de la familia, podrías identificar que compartir tiempo de calidad, escuchar o acompañar emocionalmente son acciones que te conectan con el tipo de familiar que deseas ser. Cualquier acción, por pequeña que sea, que vaya en esa dirección es coherente contigo y representa un paso hacia una vida con más sentido.

LAS DECISIONES SE COMPLICAN

Sabiendo que son nuestros valores sería lógico pensar que siempre elegimos teniéndolos en cuenta, incluso antes de conocer el concepto, de forma intuitiva, hacemos lo que nos importa. Sin embargo, como se suele decir “errar es humano” y nuestro comportamiento no solo depende de las cosas que nos importan y nos hacen sentir bien sino también “huir” de lo que nos hace sentir mal, y aquí es donde tenemos que hacer balanza.

BUSCAR Y HUIR, ENCONTRAR EL EQUILIBRIO

Cuando hacemos cosas con la finalidad de sentirnos bien, podemos decir que estamos buscando algo apetitivo, algo que nos apetece, que disfrutaremos una vez lo consigamos, tendrá unas consecuencias que prevemos agradables. Sin embargo, la otra cara de la moneda es cuando hacemos cosas para no sentir las consecuencias aversivas, o desagradables que pueden implicar algunas situaciones. A veces se puede tratar de la misma acción, pero lo único que cambia es la función, el para que se hace.

Para ejemplificar esto podemos imaginar dos situaciones:

En la situación 1, nos encontramos con un ratoncito entrando a un laberinto bastante complicado y que para guiarse en el dispone de un trozo de queso con olor muy fuerte y apetecible que se encuentra en la salida del laberinto. Lo recorre sabiendo que hay una recompensa al final de este.

En la situación 2, los elementos son los mismos, pero en este caso no es el trozo de queso el que guía el camino sino unos pequeños calambres desde el suelo hasta las patas del ratoncito y que hacen que huya hasta la salida para evitar esos
desagradables calambres. En ambas situaciones los dos han recorrido el camino y han llegado a la meta, sin embargo, ¿Qué ratoncito crees que se sentirá mejor?, ¿Cuál crees que habrá disfrutado más del camino? Parece obvia la respuesta.
La vida es mucho más compleja que una situación así, pero si puede ejemplificar dos motivos por los cuales nos impulsamos a actuar, “buscar” lo que va acorde con nuestros valores y nos hará sen]r bien y “huir” de aquello que nos puede hacer sentir mal. Y siempre existirán situaciones de las que tengamos que protegernos o huir, es inevitable. Hay facturas que pagar, normas que cumplir, en fin… responsabilidades. Pero la perspectiva creo que sí se puede cambiar, ¿Qué guía tu día a día? ¿Cuál es tu motivo para escapar del laberinto? ¿Lo haces con el fin de vivir una vida con
significado? O ¿Lo recorres solo por no sufrir unas consecuencias?

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