CONECTAR CON LOS SENTIDOS:

Mujer con los ojos cerrados sosteniendo una taza en un momento de calma y atención plena.

Conectar con los sentidos es una forma sencilla de calmar la mente, volver al cuerpo y regular emociones en días de mucho estrés. Vivimos rápido. Parece que cada semana la velocidad de las cosas se acelera un poco más.

Me despierta mi hija, son las 7 de la mañana y tiene hambre. Desayuno, los dientes y corriendo al cole. De camino, una llamada de trabajo; alguna incidencia que en realidad podría esperar. Trabajo, llamadas, mensajes, un almuerzo rápido mientras reviso el correo y ya es hora de recoger a esa criatura maravillosa del cole. Merienda, deberes, hacer la lista de la compra, ducha y cuento para dormir. Con suerte se duerme antes que yo, casi nunca ocurre.

Y me pregunto: ¿Dónde estoy yo en medio de la vorágine de este martes de sol?
Me he perdido en la velocidad de las cosas.

Así que te traigo un juego (que llamarlo “ejercicio” suena a exigencia, y de eso ya tenemos bastante) para intentar encontrarnos en medio de este miércoles loco de madre trabajadora que se olvidó de que además era una persona.

Este tipo de prácticas se utilizan mucho en psicología clínica como forma de regular la ansiedad, volver al cuerpo y generar momentos de presencia. Es una manera sencilla de introducir pequeñas pausas de autocuidado en días que, a veces, parecen no dejarnos respirar.

¿Sabías que tenemos 8 sentidos?

Los cinco primeros seguro que los conoces, pero además tenemos:

  • el vestibular, que se ocupa del equilibrio;
  • el propioceptivo, que nos informa de la posición del cuerpo en el espacio;
  • el interoceptivo, que nos indica el estado interno de nuestro cuerpo (sed, hambre, tensión, ritmo cardíaco…).

Estas funciones sensoriales, que a veces pasan desapercibidas, son fundamentales para entender cómo nos sentimos y cómo nos regulamos emocionalmente. Por eso son tan útiles en procesos terapéuticos enfocados a la ansiedad o al estrés.

Mi propuesta es tan sencilla que va a ser casi imposible que no la pruebes.

Un juego de dos respiraciones

De camino al trabajo o antes de entrar en el súper… busca un estímulo y dedícale un instante de atención. Dos respiraciones. Nada más.
(No vaya a ser que disfrutemos de la experiencia de estar vivas y el mundo se venga abajo…)

He jugado de camino a la oficina y esto es lo que he podido encontrar (por si te sirve de ejemplo):

  • Hoy hacía sol y la luz brillaba entre las copas de los árboles (vista).
  • Ha sonado en mis cascos una canción que me encanta, la he puesto desde el principio y la he escuchado entera (oído).
  • He aprovechado para mascar un chicle de mandarina, sabor raro pero que disfruto (gusto).
  • He cerrado los ojos antes de cruzar la calle (no hagas esto conduciendo) y me he imaginado tal cual estaba parada, con las manos en los bolsillos y la cabeza ligeramente ladeada (propioceptivo).
  • Al bajar del bordillo me he centrado en cómo mi peso pasaba de un pie a otro (vestibular).
  • Un coche ha arrancado y olía un montón a gasóleo; no todo pueden ser maravillas para los sentidos, no pasa nada (olfato).
  • He hecho un repaso rápido de mi cuerpo: mi zapatilla izquierda me aprieta un poco más que la derecha, mi jersey está suave y mi hija me ha dejado piedras en los bolsillos del abrigo (tacto).
  • Y por último, tengo tensión en el cuello y debería beber agua; me empieza a doler la cabeza (interoceptivo).

Y así, en unos escasos 4 minutos de trayecto, he dado un repaso a mis sentidos y a la experiencia de vivir.
¿Te apuntas a intentarlo?

Cómo practicarlo en tu día a día

La propuesta es sencilla:

  1. Aprovecha momentos de transición —ese ir de una tarea a otra— para dedicarle un instante a cualquiera de tus sentidos.
  2. El primer día, quizás con “pararte y sentir” sea suficiente.
  3. Si te quedas con ganas de más, dedica algunas respiraciones a ese estímulo.
  4. Puedes anotar las cosas que has percibido: suele ser una buena fuente de motivación.
  5. Si tienes preferencia por algunos sentidos, disfrútalos, pero también intenta explorar los demás.

Muchas veces el “autocuidado” se nos hace bola, pero por algún sitio tendremos que empezar.
Pequeños cambios, diminutos pero sostenidos en el tiempo, nos llevan a lugares insospechados.

Madre, trabajadora, alumna, hija, amiga… Quizás una forma de encontrarnos en medio de la velocidad de las cosas y los múltiples roles sea volver al cuerpo, a estos sentidos que son la base de todo lo demás.

Quizás no encuentre tiempo, la fuerza o la determinación para grandes cambios, pero sí para pequeños hábitos.

En DARAE Psicología, en Arganzuela (Calle Canarias 4, Madrid), solemos trabajar estas prácticas sensoriales dentro de procesos terapéuticos orientados a regular la ansiedad y volver a la calma.

Hoy te deseo que te encuentres, allí donde estés.


¿Quieres saber más sobre los 8 sentidos de los que hemos hablado? Aquí te dejo otro artículo.

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