8 sentidos: eres mucho más que vista, oído y tacto

8 sentidos

Cuando hablamos de los sentidos, solemos pensar en cinco: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Son los que nos enseñaron desde pequeños y, sin duda, los más fáciles de identificar. Pero la realidad es que nuestro cuerpo cuenta con al menos ocho sentidos fundamentales que usamos constantemente, incluso sin darnos cuenta.

Además de los cinco tradicionales, existen tres sentidos más que desempeñan un papel muy importante en cómo nos movemos, cómo sentimos nuestro cuerpo por dentro y cómo mantenemos el equilibrio. Estos son el sentido vestibular, el propioceptivo y el interoceptivo. Y aunque a menudo no los tenemos en cuenta, son esenciales para nuestra vida diaria, para el desarrollo infantil y también para comprender muchas condiciones psicológicas y neurológicas.

Los cinco sentidos clásicos

Vista

La vista es quizás el sentido más importante para las personas. Gracias a los ojos y a las células fotorreceptoras de la retina (conos y bastones), somos capaces de percibir luz, color, forma y movimiento. Esta información viaja por el nervio óptico hasta la corteza visual primaria, situada en el lóbulo occipital. Es clave para orientarnos, reconocer rostros y, en general, interactuar con nuestro entorno.

Oído

El oído no solo nos permite escuchar sonidos, sino también interpretar su origen y distancia. El sistema auditivo capta vibraciones a través del oído externo y medio, que son convertidas en impulsos eléctricos en la cóclea. Esta información se procesa en la corteza auditiva del lóbulo temporal. La audición es fundamental para el lenguaje, la música y la comunicación social.

Olfato

El olfato es un sentido muy primitivo y emocional. Las partículas olorosas estimulan los receptores en la mucosa olfativa, ubicada en la parte superior de la nariz. Esta señal viaja directamente al bulbo olfatorio y luego a áreas como el sistema límbico, lo que explica por qué los olores pueden evocar recuerdos tan intensos. A diferencia de otros sentidos, el olfato no pasa primero por el tálamo, lo que lo hace único (Herz and Engen, 1996).

Gusto

El gusto, aunque más limitado en comparación con el olfato, nos permite distinguir cinco sabores básicos: dulce, salado, ácido, amargo y umami. Las papilas gustativas, ubicadas en la lengua, envían señales al tronco encefálico y de ahí al tálamo y la corteza gustativa. El gusto también se integra con el olfato para crear la experiencia completa del sabor.

Tacto

El tacto es un sentido distribuido por todo el cuerpo, a través de terminaciones nerviosas en la piel que detectan presión, temperatura, vibración y dolor. Esta información es enviada a la médula espinal y luego a la corteza somatosensorial. El tacto es esencial para el desarrollo emocional, especialmente en la infancia (Field, 2010).

Los sentidos “olvidados”

Sentido vestibular: el equilibrio interno

Este sentido nos permite saber si estamos de pie, girando o en movimiento. El sistema vestibular se encuentra en el oído interno, dentro de unos pequeños canales semicirculares llenos de líquido. Detecta cambios en la posición de la cabeza y en la aceleración, y envía señales al cerebelo y al tronco encefálico. Sin este sistema, simplemente no podríamos caminar sin marearnos o caernos constantemente.

Sentido propioceptivo: sentir el cuerpo desde dentro

La propiocepción nos informa sobre la posición de nuestras extremidades y músculos sin necesidad de mirar. ¿Has probado cerrar los ojos y tocarte la nariz con el dedo? Eso es la propiocepción funcionando. Los receptores se encuentran en músculos, tendones y articulaciones, y envían señales a la médula espinal y al cerebro, sobre todo al cerebelo y la corteza somatosensorial. Este sentido es vital para la coordinación motora y el control postural (Proske and Gandevia, 2012).

Sentido interoceptivo: percibir lo que pasa en nuestros órganos

La interocepción es la capacidad de sentir lo que ocurre dentro de nuestro cuerpo: hambre, sed, necesidad de ir al baño, ritmo cardíaco, respiración, incluso la sensación de ansiedad o calma. Este sentido se origina en receptores distribuidos por órganos internos y se procesa en áreas como la ínsula, que integra señales del cuerpo con estados emocionales (Craig, 2002). La interocepción está muy relacionada con la autorregulación emocional y puede verse alterada en trastornos como la ansiedad, el autismo o los trastornos de la conducta alimentaria (Khalsa et al., 2018).

Algunas curiosidades

➔ El sentido vestibular está tan vinculado con la vista que, cuando hay un conflicto entre ambos (como en un simulador o barco), puede aparecer el mareo por movimiento.
➔ La propiocepción es tan precisa que, incluso con los ojos cerrados, podemos realizar actividades complejas como escribir o bailar.
➔ La interocepción es una de las áreas más estudiadas actualmente en psicología clínica, por su implicación en la conciencia corporal y emocional. Por ejemplo, muchas terapias de tercera generación trabajan con la atención plena al cuerpo como forma de regulación emocional.
➔ En las personas con TEA son muy frecuentes las alteraciones sensoriales, hipo o hipersensibilidades que pueden afectar de forma diferente no sólo a cada sentido si no también a la percepción de estímulos concretos. Hay Terapeutas Ocupacionales especializados en realizar Perfiles Sensoriales que sirven para entender mejor la percepción de la persona con Autismo y adaptar su contexto como forma de apoyo.
➔ El sentido del gusto es el único en el que los condicionamientos clásicos de demora larga pueden ser efectivos, es decir, no necesitas que el estímulo y el incondicionado ocurran a la vez para que haya una aprendizaje. Esto tiene sentido dado que lo adaptativo es aprender qué alimentos nos sientan mal (a pesar de saber bien) y para ello debemos ser capaces de relacionar un dolor de estómago que puede que aparezca horas después.

En conclusión…

Nuestros sentidos van mucho más allá de los cinco tradicionales. El equilibrio, la percepción corporal y las sensaciones internas son igual de importantes para nuestra vida cotidiana y para nuestro bienestar psicológico. Comprender estos ocho sentidos puede ayudarnos a entender mejor ciertos trastornos, pero también a conectar más profundamente con nosotros mismos.

Más Articulos
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Configurar y más información
Privacidad